Vistas del Ixtepeque
diciembre 16, 2010
La luna creciente te dibujó a fuerza de la claridad transparente que penetraba la carpa; y de verme así todo afligido, la noche se burló de mí con esa su sonrisa oscura de dientes de obsidiana que le había prestado a la pendiente del volcán de Ixtepeque. Pero no importa, la noche es una pequeña fábrica de pequeñas y dulces invenciones, trituradas a la mañana siguiente por su dentadura montaraz y devoradora, a la mañana siguiente, cuando la luna apenas disimulaba su elegía plana y sin sonidos, cuando desaparecía esfumándose entre los rayos de los soles de los bosques de oriente.
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